jueves, 20 de agosto de 2015

Sebastião Salgado y los confines de la humanidad



En un documental del cineasta Wim Wenders (y Juliano Ribeiro Salgado) sobre el fotógrafo Sebastião Salgado no puede faltar la metáfora. "Vosotros sois la sal de la tierra" (Mateo 5:13). La sal, un bien preciado, que conserva, que irrita, que provoca sed, que desertifica. En este filme se muestra la transición que el artista brasileño realiza de la fotografía sociodocumental en series como La mina de oro de Serra Pelada (1999) o Éxodos (2000) hacia el proyecto Génesis (2013) donde realiza un tributo a la belleza de nuestro planeta. CaixaForum Zaragoza nos da la oportunidad de contemplar esta exposición hasta el 18 de octubre de 2015 y que, sin lugar a dudas, dicha experiencia puede quedar enriquecida con el visionado del documental La sal de la tierra (2014) el domingo 20 de septiembre a las 19 horas en este mismo centro de la Obra Social.
El largometraje nos ayudará a comprender el camino recorrido por Salgado, entender su sentir cuando la sal de la tierra, el ser humano, le lleva a perder la confianza en la especie. Tras registrar algunas de las trasformaciones demográficas y culturales más importantes de finales del siglo XX pierde el interés por la fotografía que solamente consigue recuperar tras llevar a cabo su proyecto de reforestación con Instituto Terra a finales de 1990 y la vitalidad que en él despierta al fotografiar, por ejemplo, una Iguana Marina en Galápagos (Ecuador) en el año 2004. El detalle de una de sus patas nos recuerda la malla de un caballero medieval y nos lleva a pensar en que ambos, la iguana y el ser humano, no somos tan distintos. Reconoce Salgado que empezar por las Galápagos le ayudó a sentirse cerca de las reflexiones de Darwin, la iguana y el ser humano no estamos tan alejados. Las especies nos hemos ido adaptando a los espacios habitados.



Su último proyecto recibe este nombre porque Salgado descubre que casi la mitad del planeta se mantiene intacto desde su génesis. Es un canto a la esperanza, como él mismo reconoce, una carta de amor al planeta. En definitiva, esta exposición pretende trasladar la fascinación que el fotógrafo sintió, por ejemplo, por la aldea Zo`é de Towari Ypy, una sociedad en la que las mujeres son pieza fundamental y cuyo poder está fuera de toda duda o los Nenets, una pequeña sociedad de Siberia dividida en diversas tribus. El fotógrafo brasileño convivió en una que constaba de unas 18 personas y unos 6000 renos en constante migración.
En estas sociedades que se han desarrollado casi de manera intacta, Salgado encuentra cierto halo de esperanza para la humanidad y para la Tierra. Plasmar en su obra todo ello le ha llevado a entender mejor lo que somos y a amar profundamente el hogar al que pertenecemos. Al fin y al cabo, un fotógrafo es alguien, literalmente, que dibuja con la luz, dice Salgado al principio del documental. Es alguien que escribe y reescribe el mundo con luces y sombras.
 

viernes, 14 de agosto de 2015

La construcción de la personalidad (Inside Out)


Pensamientos, emociones, recuerdos… El patrón de conducta que establecemos a lo largo de nuestro desarrollo individual nos convierte en actores sociales en función de nuestro entorno.
La última película de Disney-Pixar explica de forma muy pedagógica en qué consiste ese proceso de construcción personal que hace que seamos individuos exclusivos, únicos y lo suficientemente distintos de los demás como para poder diferenciarnos en esta gran obra de teatro de la que todos formamos parte mediante la socialización.
Desde que nacemos, no paramos de descubrir cosas que nos ubican  en un lugar representativo. Es decir, vamos descubriendo el rol que queremos y/o vamos a desempeñar y lo asumimos en función de nuestras necesidades y de la aceptación social. Efectivamente, necesitamos sentirnos aceptados. Esto no significa que lo exigido por cada uno de nosotros deba tener el mismo carácter social. Pero es innegable, que el proceso de construcción personal tiene como necesidad sentir que el rol que desempeñamos es aceptado por los demás. No en vano, nuestra personalidad se construye en la confrontación con el otro. De manera que el otro es parte de mi y viceversa. La identidad es el reflejo construido desde la interacción con los demás.
El bebé, como animal recién llegado al mundo, empieza a relacionar sus conductas con el efecto que estas producen y así, en su desarrollo a lo largo de la infancia y la juventud, experimenta cómo las elecciones que va tomando en su día a día tienen consecuencias más o menos agradables para él. Aprende a pensar antes de actuar, descubre que puede adelantarse a las consecuencias de sus actos y empieza a sentir qué es libertad y responsabilidad.


El niño ha aprendido a actuar socialmente, a cumplir un rol en función del contexto. En mis clases suelo utilizar un ejemplo para explicar esto de manera muy sencilla. Yo he decidido desempeñar el papel de “Profesor de Filosofía” y, además, todos los factores que han interactuado en mi vida hasta este momento han hecho posible, junto a mi voluntad, que esto sea así. Pero también doy clases de arte, me gusta el deporte, desapruebo tradiciones como los toros, me cabrean las injusticias, me dan asco las cucarachas, tengo miedo a la traición, vivo en un ático, me gusta el buen vino tinto, vivo en el número 3, etc. En mi comunicación verbal y no verbal estoy constantemente lanzando señales que hablan de todo ello y mucho más al resto de personas que interactúan conmigo. Pero es muy importante adecuarse al contexto para saber el papel que uno desempeña y donde y cuando lo hace. Me explico, si el primer día que me mudé al 3 de esa fabulosa calle zaragozana, voy a comprar el pan y el panadero me pregunta quién soy, debería decir que soy un nuevo vecino del barrio. Puesto que cualquiera de las otras respuestas seguramente generarían una imagen distorsionada ante esta cuestión. Por ejemplo, imaginemos que le respondo que soy el profesor de filosofía, no estaría mintiendo sobre mi persona pero dicha respuesta haría que el panadero se creara una imagen distorsionada de lo que yo pretendo representar. Por cierto, he dicho el panadero, pero también podría haber dicho el campeón de culturismo de Aragón, aunque el contexto no acompañaba, claro. Sería igual de curioso que si por los pasillos de la Facultad de Filosofía un alumno me preguntara quién soy y yo le respondiera que el nuevo vecino del barrio.

lunes, 15 de junio de 2015

Cámbiame


“El espectador está fascinado por el espectáculo fatal que tiene lugar sobre el mar sólo porque se encuentra en tierra firme, cuanto más seguro está el espectador y más grande es el peligro que contempla, más se interesa por el espectáculo. Esta es la clave de todos los secretos de la tragedia, la comedia y la epopeya”, Blumenberg, H., Naufragio con espectador.


Todo el que ha participado en algún tipo de competición en equipo ha podido sentir alguna vez la urgencia de ser sustituido. Por muy habilidoso que se sea, hay momentos en los que uno siente la necesidad de pedir el cambio o, mejor, de que se lo impongan. La razones son varias: no perjudicar al grupo, dar la oportunidad de que otro pueda rendir mejor, analizar desde fuera las dificultades, ganar distancia y objetividad, en defintiva, aprender a ser mejores. Generalmente nos encantaría mejorar sobre la marcha, pero ahí entra el otro factor imprescindible, necesitamos tiempo. Tiempo para ver y observar, tiempo para analizar y reflexionar, tiempo para comparar y cotejar, tiempo para modificar, rectificar, variar, reformar, innovar, transformar, tiempo para cambiar.
Hoy en día, desde muchos ámbitos se habla del cambio. Cuidado, esto en la sociedad contemporánea se llama moda y las modas también tienen ese factor intrínseco, otra vez el tiempo. En el primer caso, necesitamos dejar pasar ese tiempo que se dilata hasta límites insospechados en busca de la acción perfecta, en el segundo caso, la perfección temporal de la moda nos fagocita a tal velocidad que en ocasiones ni sabemos que dicha moda se ha dado. Pero lo más complicado es aprender a discernir cuando ambas cosas se mezclan en una homogeneidad prácticamente indisoluble.
Primera recomendación, lean el anterior artículo publicado en este blog y, siguiendo las instrucciones, detecten a los débiles. De nuevo tenemos que estar atentos, son muchos y en su debilidad radica su amenaza. En efecto, anteriormente explicábamos cómo y por qué llegaban a construirse de manera tan frágil, pero son sus actos los que les delatan.
Cuando parafraseamos al eterno Pablo Neruda dotando a la sonrisa de un poder de comunicación metafísico reconocemos con facilidad en los rostros la hipocresía enmascarada. Si conseguimos no falsear la sonrisa estamos construyendo una humanidad más sincera, si conseguimos que los que la simulan no traicionen ni defrauden, además, erigiremos una humanidad más fuerte.
La necesidad de múltiples herramientas para vigilar, controlar y normativizar desde la inflexibilidad suele darles seguridad donde no la hay, pero el vértigo, con esos métodos, nunca desaparece. Es el trabajo sincero y cooperativo el que dota de tranquilidad al individuo. Una tranquilidad que deriva del trabajo bien hecho, el trabajo que se cimenta desde el esfuerzo sin dotar a éste del halo místico del sacrificio.
¿Quieren descubrir definitivamente a los débiles? Son los ausentes. Los que no están porque huyen a toda costa, caiga quien caiga. Los que aparentan estar, por supuesto, pero que a la hora de la verdad, cuado hay que remar por el bien de la balsa y de los que la integramos prefieren poner en duda si remar en esa dirección es lo correcto. Tienen miedo de hundirse y el "ya te lo advertí" les sirve más que un nuevo fracaso en su expediente, porque en realidad creen que el barco se hundirá hagan lo que hagan.
A todos ellos y a todos lo que no lo hayan leído, les recomiendo Naufragio con espectador de Hans Blumenberg. Léanlo, entiendan el vértigo de los cobardes y acérquense con esa perspectiva a los naufrágios de Gericault, de Friedrich o del mismo Goya. Naufragios gestados en los albores de la contemporaneidad, naufragios que empezaron a mirarnos a los ojos y a analizar lo más profundo de nuestro ser. El horror que ahí se vislumbraba todavía estaba lejos de nuestra cruda actualidad en la que ejemplos diarios ocupan nuestras mentes saboteadas por las más viles estrategias publicitarias.
Esta semana Telecinco ha inaugurado programa, esta semana nuestra sociedad ha vuelto a socavar desde la vergüenza la razón humana. Desde esta semana tenemos un nuevo espacio en el que los concursantes deben competir por ser elegidos para que los modifiquen a imagen y semejanza de nuestros nuevos ídolos, en teoría gana al que rectifican según los nuevos cánones. La apariencia, la competitividad, la falsedad y el dinero regirán desde hoy las mentes de muchos españoles que apostarán por seguir embruteciendo sus vidas.
De ahí el curioso nombre que el programa utiliza, un reflexivo en modo imperativo. Cámbiame.