martes, 11 de abril de 2017

El estado febril de la conciencia

La fiebre, el malestar corporal, el dolor de cabeza, son síntomas de enfermedad. Algo no funciona bien, nos avisa nuestro sistema inmunológico y, sin más dilación, se organiza para atacar aquellas bacterias o virus que nos están afectando inconvenientemente.
Gracias a ese malestar, tomamos conciencia del peso de nuestro cuerpo, de la voluntad que debemos tener para movernos e interactuar socialmente. Nos hace recordar lo bien que nos encontramos cuando todo está en su sitio.
Al acabar dicho proceso salimos reforzados, nos hemos vuelto más eficaces a la hora de detectar y actuar contra determinadas agresiones externas gracias a nuestra memoria inmunitaria.
Será la fiebre que estoy padeciendo estos días la que me lleva a pensar en este ejemplo que la naturaleza nos concede y que nos presenta, a mi juicio, con un gran paralelismo con nuestra sociedad del oportunismo.
Creo firmemente en que los problemas que nos encontramos a lo largo de la vida son oportunidades que podemos aprovechar para construir mejor lo que somos. Además, se nos llena la boca habitualmente cuando decimos lo importante que es tener individuos críticos en nuestra sociedad. Pero me preocupa que los problemas actuales y venideros intenten ser atacados antes de que sucedan porque se nos ha inmunizado en exceso. Esa hiperprotección hacia lo externo y frente al miedo de lo que pueda suceder, es la que está convirtiendo cada uno de los problemas a los que nos enfrentamos en oportunidades muy rentables para unos pocos que nos condenan al resto a una larga enfermedad de difícil cura.
No es oportunidad lo que encontramos, es el oportunismo de algunos el que impera impidiendo que el resto de la humanidad pueda construir un nuevo contexto más fuerte para todas las partes de este cuerpo que se llama sociedad.
Es claro que lo que hasta ahora estamos produciendo, son individuos que creen ser críticos con el entorno en el que viven sin ser capaces de transformarlo en algo mejor desde su propia autocrítica.
¿Quién soy?, ¿qué lugar ocupo en el mundo? o ¿cómo pretendo hacer de esta sociedad algo mejor? son preguntas a las que ya no interesa responder ya que estamos buscando una manera de perpetuar el sistema hasta su colapso absoluto.
¿Cómo, egoistamente, voy a amoldarme a las necesidades del mundo pudiendo obtener de ello el mayor beneficio particular? es una de las grandes preguntas del Siglo XXI.
Si no tomamos conciencia de lo enferma que está nuestra sociedad, sufriremos los síntomas hasta morir agónicamente sin haber identificado a los que nos están agrediendo, ya que, esta vez, lo están haciendo desde dentro.

domingo, 2 de abril de 2017

La apuesta de La Salle por un Nuevo Contexto de Aprendizaje



            En el ámbito de la Educación, hace tiempo que se viene hablando de la necesidad de formar a los futuros ciudadanos para un mundo que está en constante cambio. Esta afirmación encierra muchas problemáticas que debemos ir resolviendo con el cuidado que ello merece.
            En primer lugar, hay que tener en cuenta que las características del cambio también mutan. El número de transformaciones que sufre nuestra sociedad aumenta con un carácter casi exponencial y, en muchos casos, no siguen la misma dirección. Incluso, no es de extrañar encontrar una nueva tendencia social que invierta en unos años el sentido de su marcha. Todo ello contribuye a la constitución de lo que en anteriores ocasiones hemos llamado "la esquizofrenia de la sociedad contemporánea". Cuando se acepta como razón social la lógica del consumo, las variaciones en los intereses del mercado se convierten en variaciones del logos social y se asumen como propias.
            La segunda cuestión a tener en cuenta, es intrínseca. Formar en estudios primarios y medios es una de las tareas más nobles de la humanidad. En el proceso, el aprendizaje de lo académico va ganando importancia a medida que la construcción personal de los individuos va tomando forma. Por ello, es en estas etapas educativas donde debemos de invertir más tiempo, esfuerzo y dinero, además de planificar mejor los objetivos a alcanzar. Es más, la piedra angular sobre la que debemos asentar esta planificación consiste en desentrañar qué significa "formar a futuros ciudadanos". Señalado ya cómo opera el cambio en la actualidad, la cuestión que nos planteamos es si los ciudadanos que salgan de nuestras escuelas deben servir a esa lógica de trasformación o, por el contrario, tienen que estar preparados para adecuarse a las exigencias sociales mientras intentan generar diferentes sinergias a través de nuevas propuestas. Aquí es donde encuentra su sentido la innovación educativa basada en la creatividad, en la constitución de individuos con una identidad social que les lleve a trabajar de manera cooperativa buscando ser más competentes y mejorando el mundo en el que viven. Es importante entender que los cambios sociales afectan a los individuos, pero se convierte en trascendental conseguir que sean los individuos los que contribuyan a la gestación de los cambios sociales que contextualicen el futuro más inmediato.
            Como se menciona unas líneas más arriba, esto es algo que sabemos desde hace tiempo. No obstante, la sociedad española ha tardado en reaccionar y es ahora cuando se empieza a exigir a las administraciones que, en materia educativa, plasmen estas necesidades en una ley digna de una sociedad del siglo XXI. 
            Ante esta panorámica y mientras a nivel general se determinan las bases de la educación del futuro (aunque ya hace tiempo que es presente), La Salle hace más de diez años que empezó a trabajar mediante Aprendizaje Basado en Proyectos. El recorrido no ha sido fácil, pero tras mucha implicación y esfuerzo por parte de todos, hoy en día, proyectos como SEIN (SEcondary INnovation) están tan vivos y son de tanta utilidad que van a servir de motor de cambio de lo que hemos venido a llamar Nuevo Contexto de Aprendizaje (NCA).
            Detrás de las siglas NCA tenemos integrados todos los Programas que La Salle ha desarrollado en esta década y que, tras ser testados y evaluados convenientemente, ahora quedan recogidos en una oferta educativa integral. El aprendizaje teórico es puesto en práctica para que los alumnos puedan entenderlo mejor y, por lo tanto, disfrutarlo para siempre. El mindfulness, el aprendizaje cooperativo, la resolución de problemas de carácter interdisciplinar, la mejora de la capacidad textual, la propuesta creativa, el enriquecimiento de los procesos lógicos, la mejora del entendimiento y el perfeccionamiento de la expresividad escrita y oral están detrás de este Nuevo Contexto de Aprendizaje que busca que nuestros estudiantes sean tan competentes en el futuro que mejoren este esquizofrénico mundo que nosotros les hemos legado.

martes, 29 de noviembre de 2016

Este hombre, por una parte, cree que sabe algo, mientras que no sabe nada...

Por otra parte, yo, que igualmente no sé, tampoco creo saber nada.

En la apología que Platón escribió sobre su maestro, señalaba de esta forma cómo Sócrates reconocía la dificulad de saber algo con certeza. Y todo ello, teniendo en cuenta que estos autores creían en la existencia de verdades absolutas.

La base de tal pensamiento se encuentra en la preocupación por saber y entender cómo es el mundo en el que vivimos. En la actualidad, cuando dedicamos una buena parte de nuestras vidas a conocer más y mejor, a leer, escribir y pensar o a estudiar e investigar, pretendemos realizarnos en nuestra imperfección. No creemos que vayamos a saberlo todo, de hecho, cuanto más avanza nuestro conocimiento menos absolutos nos volvemos y más certeza tenemos de nuestra ignorancia. Tener constancia de todo lo que hemos aprendido a lo largo de nuestra vida y el ingente espectro de posibilidades que ese conocimiento abre, nos hace tomar conciencia de la dificultad de una única respuesta verdadera.

Ante la posibilidad de encontrar como solución un relativismo y/o escepticismo epistemológico que abogue por la opinión basada en el todo vale como única salida posible, hoy, más que nunca, debemos exigirnos el esfuerzo por aprender y, desde la humildad, reflexionar. Debemos relativizar, sí, principalmente nuestras afirmaciones, debemos dudar de nuestros pensamientos y estar dispuestos a la autocrítica de los propios juicios.

Sin embargo, hoy en día pocas veces se cumple esto. Es más, si alguien se atreve a invertir su tiempo en conocer cómo es el mundo en el que vive y a no sostener con rotundidad sus investigaciones frente a los demás, se arriesga a sufrir el desprecio por parte de aquellos que no dudan porque no piensan, no leen, no estudian, ni indagan, solamente opinan movidos por su propio ego ignorante y desinformado.

Por ello, parece necesario luchar por una sociedad que no promueva el egoismo, la egolatría, la ignorancia y las desinformación. Porque en una sociedad con estas características es más fácil controlar y manipular desde las distintas esferas de poder utilizando la democracia para legitimar dichos poderes. ¿Cómo? Entendiendo que, como todo es relativo, cualquier opinión tiene el mismo valor (o menor si es compartido por menos gente), independientemente de que esté basada en la preocupación por saber o en la aceptación de la desinformación repetida constantemente. Y porque esa repetición se volverá a escuchar en boca de aquellos individuos protegidos en una masa que comparte las conclusiones que se les ha inculcado y que ha sido perversamente propiciada por los poderes mencionados anteriormente.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Una cuestión de educación

La Filosofía en la Educación Secundaria y el Bachillerato parece tener poca importancia dentro de la actual ley educativa. Para los que nos dedicamos a este oficio, no es algo nuevo ver que se pone en entredicho la función de la Filosofía como disciplina, también en el ámbito escolar.
Esta manera de pensar esconde muchos aspectos que debemos tener en cuenta cuando nos preguntamos por qué el mundo en el que vivimos es así. 
El primer aspecto en el que me quiero detener es precisamente en el que radica esta expresión que acabo de utilizar, el mundo en el que vivimos lo hacemos así, no es así. Es decir, somos responsables de lo que sucede, todos nosotros estamos participando de ello y, por lo tanto, estamos colaborando para que la sociedad que conocemos se articule tal y como sabemos que lo hace.
Aquí estaría la segunda cuestión relevante, ¿sabemos cómo se articula el mundo en el que vivimos? Tomar conciencia de dónde, cómo y para qué vivimos es esencial en este asunto. 
Hace más de un siglo el neopositivismo y el neoliberalismo encontraron que, en la sociedad que se estaba gestando desde el siglo XIX, se les proporcionaba las razones suficientes para plantear un modelo de producción y consumo que a lo largo del siglo XX y siglo XXI se ha ido perfeccionando.
El ser humano había descubierto que la ciencia y la tecnología le permitían producir cualquier cosa y a un ritmo vertiginoso. Además, en ese proceso de producción, las normas del mercado internacional se flexibilizaban para que, primero productores y después consumidores, se sintiesen "libres" en el ejercicio de su desarrollo económico individual. 
Las sospechas de los filósofos del XIX se estaban cumpliendo. Un nuevo dios marcaba las pautas del comportamiento mundial, una sociedad que se estaba globalizando a la vez que se se estaba licuando se organizaba en torno a una economía también líquida y virtual. Eso sí, las consecuencias de esas normas de juego sí que eran reales,  los individuos que integrados en la masa aceptaban las reglas de un videojuego cuyas vidas si que se agotan en el mundo real.
Esta era la primera prueba de que al poder establecido (insisto, establecido por nosotros) le preocupaba que existiera gente que pudiera sospechar lo que se estaba tramando. Era prioritario definir en este nuevo modelo social qué era útil.
De ello se encargó la educación neopositivista en las ecuelas. Por ello se estipuló que la sociedad del siglo XX y XXI es una sociedad de producción y avance tecnológico por lo que, si como individuo quieres triunfar (término utilizado hasta la saciedad), debes formarte para ser un buen productor útil dentro del modelo. 
El problema es que este diseño de consumo desenfrenado siempre necesita más para que funcione, es decir, necesitamos producir cada vez más y, por lo tanto, consumir también cada vez más. Esta labor pasaba necesariamente por fabricar cada vez más productores y consumidores y, para que esto funcionara, primero había que formarlos en el concepto de utilidad.
Los niños entraban en las escuelas cargados de creatividad, con modos de pensar únicos que desde lo divergente podrían ser educados para cooperar y, así, plantear e identificar problemas y del mismo modo resolverlos. La historia, como sabemos, ha sido bien distinta.
Se nos ha enseñado a pensar de una manera, independientemente de nuestras condiciones, habilidades, competencias, etc. Y nuestro objetivo era convertir en científico-tecológico-económico ese proceso de aprendizaje. Si las matemáticas eran útiles para ir a comprar el pan y que no te engañaran con los cambios (este ejemplo ha sido muy recurrente en las explicaciones a los niños que osaban preguntarse por la importancia de la disciplina), la historia y otras materias pertenecientes al ámbito de las Humanidades y las Sociales también debieran de convertirse en este modelo científico. 
Dicho y hecho, en "Ciencias Sociales" siempre suele ponerse el ejemplo de la lista de los Reyes Godos, pero todos sabemos que es un ejemplo más. 
En cualquiera de estas disciplinas conocemos que hay que recordar una serie de datos de los que posteriormente seremos examinados para comprobar que los sabemos de memoria y así "demostrar" que estamos preparados para entrar en la universidad. Es a esa edad, en esta fábrica de futuros profesionales, donde ya nunca más nos plantearemos si lo que estamos haciendo es lo que queríamos hacer con nuestras vidas. Empezaremos a pensar en trabajar, casarnos y tener hijos y esas obligaciones nos llevarán a ser productores dentro del modelo de por vida. Y en un sistema democrático cuya soberanía recae en el pueblo, los individuos que lo componen tienen que tener tiempo para reflexionar y estar educados para querer hacerlo.


A finales del Bachillerato y en los años de universidad, los estudiantes de carreras prácticas como Ingeniería, Arquitectura, etc. discutirán con los de Historia, Filología, etc. de la importancia de unas carreras frente a otras. Los primeros se enorgullecerán de ser imprescindibles para el modelo, los segundos intentarán convencer a los otros de la ciencia pragmática que estas carreras también poseen creyendo que el valor de estas es hacernos cultos por ser eruditos de listas que en el mundo de hoy ya no tienen ningún sentido. Lo que ambos sectores desconocen es que son partícipes del modelo con más o menos éxito. Los primeros empiezan a quedarse sin salida profesional y empiezan a conocer lo que significa no ser útil para el sistema, los segundos, que hace tiempo que lo comprobaron se han adaptado a servir hamburguesas o a ser profesores que fabriquen futuros fabricantes de hamburguesas.
Dentro de la rama específica de las Ciencias Sociales, a lo largo de las décadas se han abierto varias brechas. Hubo unos años donde el Derecho y la Psicología fueron carreras demandadas por sus posibles salidas laborales. Hubo unos años en los que el mundo necesitaba a estos profesionales, yo lo vinculo a la esquizofrenia de la sociedad contemporánea y sus consecuencias. Pero hasta esto tiene un límite. Lo que no tiene límite hasta que el mundo se colapse es el crecimiento económico. Actualmente las carreras más demandadas porque tienen más posibilidades laborales son las vinculadas dentro de las Ciencias Sociales a la economía, el mundo empresarial y las finanzas. Los estudiantes de carreras técnicas que empiezan a encontrar dificultades en el mundo laboral no creen lo que sucede, son los estudiantes de Ciencias Sociales los que empiezan a tener éxito, empiezan a "triunfar". Y los de Ciencias Sociales ya saben a qué barco deben subirse.
¿Cómo puede ser que los que tenían que aprobar exámenes sin memorizar ahora estén devaluándose? 
Claro, se me olvidaba añadir algo, repetir procesos lógicos hasta la saciedad es una forma de memorizar. Lo único que sucede es que nos hemos convencido de que el mundo demanda profesionales que hagan esto y eso es lo que entendemos por ser inteligentes.
Y qué sucede con la Filosofía, seguramente algo más grave. Esta disciplina, que debería estar en todas las demás desde el principio preguntándose por qué hacemos matemáticas y por qué estudiamos historia, ha estado desaparecida en todos los años de educación. Los estudiantes de 16 años se encuentran con ella de repente y se preguntan lógicamente: ¿y esto, en este sistema educativo que hemos conocido, para qué vale?
Tienen un año de experiencias desconcertantes que muchos de ellos nunca habían vivido y seguramente nunca volverán a vivir y que les servirán para catalogar la rareza y la locura de ese profesor de 1º de Bachillerato y, sin tiempo para mucho más, llegarán a un 2º de Bachillerato donde experimentarán la crudeza de estudiar de memoria las principales teorías de los grandes filósofos de la historia, aborrecerán este camino universitario y en un alto porcentaje desecharán la opción por poco útil además de difícil y extraña.
No obstante, el drama no reside en cuántos estudiantes acaban haciendo esta carrera en la universidad, la auténtica tragedia reside en que esta disciplina no ha tenido trascendencia en todo el recorrido académico de nuestros estudiantes. No hemos generado ciudadanos que se planteen qué mundo quieren habitar y cómo hacerlo posible. 
Tomar conciencia de qué sucede en nuestras sociedades y actuar en consecuencia es el camino para lograr los cambios necesarios que nuestro planeta nos reclama con urgencia. Claro que necesitamos cietíficos, ingenieros, historiadores y economistas, pero los necesitamos formados y educados para ser ciudadanos de este mundo, los necesitamos ocupados y preocupados por la sociedad en la que viven.

¿Si no nos preguntamos por qué, de qué nos sirve preguntarnos cómo y cuándo?

sábado, 5 de marzo de 2016

La cultura del compromiso



Actualmente, hay dos exposiciones en Zaragoza que, aunque puedan parecer muy distintas, muestran la importancia radical que, para el arte y la cultura en general, debe tener el compromiso social. Es relevante tener en cuenta que el sopor que ha generado en la humanidad la actual política, tiene también una intencionalidad clara, arrancar del ciudadano la esencia que lo conforma: la preocupación por el bien común.
No nacemos despreocupados, al contrario. Eso sí, teóricamente, se nos educa en valores, pero en la práctica, todo se ve arrastrado por la lógica capitalista neoliberal del crecimiento desmesurado sin contemplación. Ganar dinero, el máximo posible, es nuestro nuevo objetivo una vez programados y, si no conseguimos que sea el suficiente según dicha razón, se nos educa para consumir en un grado desproporcionado aunque sea sin aparentar que no podemos hacerlo. Quiero recalcar aquí que consumir desproporcionadamente no es algo que debiera depender del poder adquisitivo sino de la racionalización coherente de un consumo que abogue por un desarrollo sostenible.
De esto trata la primera exposición a la que me quiero referir, Arte vs. Publicidad. Se encuentra en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza hasta el 9 de abril. En dos espacios distintos se revisan los conceptos de "marca" y de "campaña" respectivamente y, desde ellos, un heterogéneo grupo de artistas cuestionan las prácticas publicitarias para deconstruir su lógica y, así, obligarnos a reflexionar en torno a nuestros comportamientos consumistas y los preceptos aceptados y normalizados por la masa social.



Por otra parte, en el palacio de Sástago, podemos disfrutar de la exposición Manuel Viola, en recuerdo del porvenir hasta el 29 de mayo. Este artista zaragozano, en su tránsito hacia el informalismo, fusionó de manera magistral la abstracción lírica francesa con la tradición de la pintura española, especialmente la del Goya más "negro". Y es en esta búsqueda de sí mismo, donde el artista expresa la vida y plasma su carácter más reivindicativo.
Su amigo Picabia dijo de él: "Si un día Viola tiene a la vez una cita con la vida y con un cuadro, se irá siempre con la vida".


jueves, 25 de febrero de 2016

Ciclo de cine sobre Woody Allen en La Salle Gran Vía

A las 11 de la mañana del jueves 25 de febrero, comenzamos con una charla para presentar la visión que Woody Allen transmite, a traves de su obra, sobre el mundo en el que vivimos.
A partir de este momento, todos los viernes lectivos de lo que queda de febrero y marzo, se proyectará una de sus películas más relevantes a las 17,30 horas. Posteriormente, en el mismo cine del Colegio La Salle Franciscanas Gran Vía, se señalarán algunos de los temas importante de esa producción y se debatirá en torno a ellos.

¡Estamos de enhorabuena! Dedicaremos momentos de nuestra vida a tomar conciencia del sinsentido de la misma y, a la vez, sentiremos la magia que de ella se desprende.

¡La vida es maravillosa!

domingo, 3 de enero de 2016

"Salomé" en La Suite

Ver a Inma Chopo en esta versión de Salomé es toda una oportunidad para los amantes de la cultura en la ciudad de Zaragoza. Bajo la dirección de Juan Vives, la versión (de la versión) de Wilde se reinventa de forma fantástica gracias a la soberbia interpretación y magestuosidad de la danza de la protagonista, magníficamente apoyada por el reto de vestuario resuelto de forma magistral por David Pecatto y, como no, a la fabulosa coreografía de Elias Sobrecasas.
Lo que hace tan bueno a este grupo es lo que muy pocas compañías consiguen, que solo se vea a Salomé. Que el público se olvide de todo lo que le rodea, que es poco y austero ya de por sí, para envolverse en el asfixiante velo de Eros y Thanatos. El gusto decimonónico por esta tensión entre la pulsión de vida y de muerte queda repensado aquí desde la superación de la disnea moderna y enfrentándose directamente con el conflicto postmoderno.

Es inevitable no setir el desasosiego en la utilización de los plásticos como velos que acompañan en la danza y que se adhieren en determinados momentos al cuerpo de la bailarina que lucha por danzar como Dionisos con la vida y que, a la vez, es la tragedia de la propia vida la que le impide seguir por donde tenía previsto. Especialmente interesante parece esa lucha por el control técnico al danzar y el azar que introduce el comportamiento del plástico. Por ello, nos seducen tanto los momentos de agotamiento, de abandono y de éxtasis contenido. Por ello, el beso a la cabeza de Jokanaan queda reinventado, el azar es aquello que nos define sin saber definirlo.

La representación se ha prolongado hasta finales de enero en La Suite Teatro.

Para más información entra en su página web: "Salomé" en La Suite